Coronavirus: ¿Parte de la guerra comercial de Trump contra China?

Las grandes corporaciones mediáticas han colocado en lugar preponderante, las últimas semanas, lo que han pasado a posicionar como el coronavirus de China. En base a muy limitados casos, teniendo en cuenta la gran densidad demográfica de la República Popular de China, se construyó un discurso global alarmista respecto a la vulnerabilidad del gigante asiático.

Sin ser amante de teorías conspirativas, creemos necesario realizar algunos apuntes sobre el tema que tiende a perjudicar la economía china, vía el desprestigio de sus productos y cultura.

Quienes irresponsablemente, o más bien tendenciosamente, han difundido una serie de rumores absurdos, lejos del sano razonamiento, alimentan la desleal competencia, hacen parte de la guerra comercial que lleva adelante Washington contra Pekín.

Por ejemplo, en Australia se difundió que productos chinos como el arroz de Xiaozhan, el té de durazno, las galletas de la fortuna, entre otros, podrían contagiar el virus. Citaban como fuente de la información al “Department of deseasology» de Parramatta.

Bueno, resulta que según el mismo gobierno australiano, dicha institución no existe.

También se hacía referencia a la sopa de murciélago como origen del virus en Wuham. Según la revista científica Journal Of Medical Virology, los murciélagos están involucrados en el desarrollo del virus, más no se demuestra que su consumo directo esté ligado al contagio.

Se llegó al extremo de afirmar que en la República Popular de China se estaban construyendo fosas comunes para enterrar a “miles de muertos” por el coronavirus.

Para ello presentaron unas fotos donde se ven equipos y máquinas trabajando en un terreno de aproximadamente 25 mil metros cuadrados.

Resulta que esas fotografías, del 24 de enero, corresponden a trabajos del hospital que el gobierno de China construyó en 10 días con camas para mil pacientes.

Lo cual, por cierto, significa una muestra de poderío económico, tecnológico, eficiencia y disciplina, inusual en occidente.

Igual, se habla de miles de muertos a nivel mundial, pero la verdad es que hasta el momento no pasan de mil los muertos y aproximadamente 31 mil infectados con este brote del nuevo coronavirus 2019-nCoV.

Sin embargo, los conglomerados mediáticos no dicen que otras enfermedades como la gripe estacional, el sarampión o el paludismo, causan decenas de miles de muertes anualmente.

La misma OMS estableció que las epidemias anuales de gripe en todo el mundo provocan entre 3 y 5 millones de casos de enfermedades graves y entre 290.000 y 650.000 muertes por afecciones respiratorias.

Otro detalle, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la influenza ya ha provocado esta temporada unos 19 millones de enfermos, 180.000 hospitalizaciones y 10.000 muertes, en el país de Donald Trump.

Algo más, mientras la gripe y el nuevo coronavirus tienen un moderado nivel de contagio, enfermedades como el sarampión, aumentada en los últimos meses en Estados Unidos, tiene mucho mayor nivel de transmisión.

Daniela Paciel, médico intensivista e infectóloga uruguaya, declaró al portal de Sputnik que el pánico generado por el coronavirus debe moderarse porque si bien la enfermedad hasta el momento tiene un alto índice de propagación en China, no ocurre lo mismo en el resto del mundo debido a condiciones climáticas y ambientales diferentes.

Según ella, «en el caso de China, las condiciones climáticas y ambientales son muy distintas a las de América Latina, Europa y EEUU».

Recordó que cuando se produjo la epidemia del ébola en Äfrica Occidental, cuyo mayor brote fue entre 2014 y 2016, algunos dijeron que tendría un crecimiento exponencial para luego ver que logró contenerse.

Por cierto, Nigeria debió ser certificada como país libre de ëbola al haber controlado su brote utilizando saberes ancestrales.

Pero toda esta negativa exposición mediática de la República de China ha despertado algunas taras que estaban dormidas. Una de ellas es la llamada “chinofobia”.

Como era de esperarse, las primeras manifestaciones en ese sentido se han visto en Estados Unidos. La comunidad china en ese país ha denunciado el rechazo que vienen soportando, pese que la mayoría no ha pisado China en décadas, otros inclusive nacieron en el país del Tío Sam. En España también se ha hecho visible.

«A nuestros propios hijos, en el colegio, les llaman coronavirus. Pero lo tomamos como bromas de niños», dijo el encargado de negocios de la Embajada China, Yao Fei. Igual ha sucedido en otros países de Europa.

Hua Chunying, portavoz del Ministerio de Exteriores de China, acusó a Estados Unidos de sembrar pánico respecto al coronavirus. Recordó que fueron ellos los primeros en evacuar su consulado, anunciaron su intención de repatriar a una parte del personal de su Embajada y prohibir la entrada a todos los ciudadanos chinos, pese a que la Organización Mundial de la Salud nunca recomendó eso.

Revisando un poco la historia reciente, las acciones de diversos gobiernos norteamericanos, recordamos que en junio de 1971 se comprobó la “siembra” en Cuba del virus causante de la Fiebre Porcina Africana, nunca antes presente en la mayor de las Antillas.

Luego, en 1981, se desató una epidemia de fiebre hemorrágica causante de mortandad entre niños. Se demostró que su origen fue una nueva cepa creada en laboratorios bajo control norteamericano.

Se descubrió el mismo año el herpes virus BHV2, endémico de África y aislado en el laboratorio de enfermedades exóticas en Plum Island, Estados Unidos. Eso causó la Seudodermatosis Nodular Bovina y perjudicó la producción láctea.

Desclasificados algunos documentos de la CIA, se demostró que Estados Unidos, por décadas, diseminó virus en países a los que considera enemigos.

Según el bloguero Arthur González, es curioso «que ese virus apareciera en Wuhan, «territorio de amplias transformaciones industriales que posee a su vez tres zonas de desarrollo nacional, cuatro parques de desarrollo científico y tecnológico, más de 350 institutos de investigación, 1,656 empresas de alta tecnología, numerosas empresas e inversiones de 230 empresas Fortune Global 500».

Allí radica la mega empresa Dongfeng Motor Corporation, complejo industrial fabricante de automóviles, unido a decenas de institutos de educación superior, incluida la Universidad de Wuhan, la que ocupó en 2017 el tercer lugar a nivel nacional, más la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong.

Es posible que se trate de una variante en la guerra comercial que Trump le declaró a China. Algo, por cierto, que también afecta la economía global.

Eduardo Cornejo/ Cuatro F